Historias de recuperación de la ludopatía en Chile
Cinco historias de recuperación de ludopatía en Chile: relatos compuestos y anonimizados de personas que superaron el Trastorno por Juego, con distintos perfiles, puntos de quiebre y rutas de tratamiento. La recuperación es posible.
Las historias de recuperación de la ludopatía no suelen aparecer en los titulares. Se quedan guardadas en consultorios, en reuniones de Jugadores Anónimos, en los mensajes que una madre le envía a su hijo tarde en la noche. Sin embargo, ocurren todos los días en Chile. Según un estudio de la FAE-USACH junto a la Corporación de Juego Responsable, un 2,4 % de la población encuestada se clasifica como jugador patológico y un 2,9 % adicional como jugador problemático —cifras que representan decenas de miles de personas en el país. Lo que la estadística no captura es el camino de vuelta.
Las cinco historias que siguen son relatos compuestos, construidos a partir de entrevistas con terapeutas chilenos y miembros de agrupaciones de ayuda (2024–2025). Los detalles personales están anonimizados; los momentos clínicos corresponden a casuísticas reales tratadas en Chile.
Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye una evaluación clínica profesional. Si tú o alguien cercano necesita ayuda, al final de este texto encontrarás los recursos disponibles en Chile.
Tabla de contenidos
- Juan, 34 años — de las tragamonedas online en pandemia a tres años de abstinencia
- Carla, 28 años — la “ilusión de habilidad” en las apuestas deportivas
- Roberto, 52 años — el juego como escape tras la viudez
- Alejandra, 22 años — apuestas deportivas, tarjetas ajenas y terapia familiar
- Marcos, 45 años — del casino online a la voz pública sobre la enfermedad
- Qué tienen en común estas historias de recuperación de ludopatía
- Cómo dar el primer paso (tú o un ser querido)
- Preguntas frecuentes
- Conclusión
Juan, 34 años — de las tragamonedas online en pandemia a tres años de abstinencia
Juan vivía solo en Santiago cuando llegó la pandemia. El trabajo remoto lo dejó con demasiadas horas y demasiado poco que hacer. Un amigo le había comentado de unas tragamonedas online “que pagan bien”. Empezó con $5.000 pesos, solo para entretenerse. Seis meses después, el entretenimiento se había convertido en un ritual: despertar, abrir la app, depositar. Luego hacerlo de nuevo. Y otra vez.
El smartphone hacía posible lo que antes requería desplazarse: el casino estaba siempre en el bolsillo, disponible a las tres de la mañana. El aislamiento quitó los frenos naturales —no había nadie que preguntara adónde iba el dinero, no había salidas sociales que compitieran con el tiempo de pantalla. El juego como escape es uno de los criterios del Trastorno por Juego según el DSM-5, y en Juan se cumplía de manual: jugaba para huir de la ansiedad, no para ganar dinero.
El gatillo: aislamiento y un casino en el bolsillo
La escalada fue silenciosa. Los primeros meses, Juan ganaba lo suficiente para convencerse de que tenía “suerte”. Lo que no veía era la distorsión cognitiva clásica de las tragamonedas: el “casi gané” que el cerebro registra como un mini-triunfo y que refuerza el hábito más que una ganancia real. Cada apuesta que terminaba en un símbolo más era, paradójicamente, un incentivo para seguir. La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) llama a esto “razonamiento ilusorio”, y es el primer objetivo que trabaja con pacientes que han jugado tragamonedas.
Tocar fondo y pedir ayuda
El punto de quiebre de Juan no llegó solo. Llegó con una notificación de embargo. Había pedido tres préstamos sin decírselo a nadie, y la deuda acumulada superaba los $4.000.000 pesos. Esa tarde llamó a la línea de Jugadores Anónimos Chile (+56 9 4407 2802) sin saber muy bien qué esperar. Fue a su primera reunión dos días después. Comenzó en paralelo un proceso de TCC en un programa de tratamiento universitario en Santiago, donde trabajó las distorsiones cognitivas, el control de impulsos y la prevención de recaídas. Hoy lleva más de tres años sin jugar. “Lo más difícil no fue el primer mes”, cuenta. “Lo difícil fue el día 400.”
Carla, 28 años — la “ilusión de habilidad” en las apuestas deportivas
Carla estudiaba Periodismo en Valparaíso y era una fanática del fútbol. Eso, en su cabeza, la diferenciaba de “los adictos al juego”. Ella sabía de fútbol. Analizaba las alineaciones, revisaba las estadísticas, construía pronósticos con la misma lógica que usaba para sus trabajos académicos. Las primeras semanas, los resultados le daban la razón.
Lo que Carla no sabía —y lo que la TCC le ayudó a entender meses después— es que la “ilusión de habilidad” es una de las distorsiones cognitivas más documentadas en las apuestas deportivas. El resultado del fútbol tiene componentes aleatorios que ningún análisis puede controlar. Cada apuesta que acertaba reforzaba la creencia; cada error se explicaba con una excusa razonable (“el árbitro fue parcial”, “faltó un defensa clave”). El problema no era su conocimiento del fútbol. Era la distorsión que ese conocimiento producía sobre su percepción del riesgo.
”Yo no apostaba al azar, yo sabía de fútbol”
Las deudas de Carla crecieron rápido porque apostaba montos más grandes convencida de que sus análisis la protegían. Cuando las pérdidas superaron todo lo que podía justificar, aparecieron los síntomas que ella atribuía al estrés universitario: insomnio, irritabilidad, dificultad para concentrarse. Su médico identificó un episodio depresivo moderado. No era solo el juego: había una comorbilidad que necesitaba atención por separado. Le prescribió fluoxetina —no para tratar la ludopatía, para la cual no existe fármaco aprobado específicamente, sino para la depresión subyacente, siempre bajo supervisión médica.
Tratamiento combinado y volver a la universidad
El tratamiento combinado —TCC para las distorsiones cognitivas más fluoxetina para la comorbilidad depresiva— le permitió a Carla sostener el proceso sin abandonarlo en los momentos más duros. A los cuatro meses de empezar, retomó los ramos que había congelado. A los dieciocho meses, estaba egresando. La recuperación no borró lo que pasó: le devolvió el proyecto de vida que el Trastorno por Juego le había quitado de las manos. “El fútbol lo sigo viendo”, dice. “Pero ya no apuesto. Ni un peso.”
Roberto, 52 años — el juego como escape tras la viudez
Cuando murió su esposa, Roberto tenía 49 años y vivía en Concepción. Habían sido 22 años juntos. Los primeros meses después del duelo, el casino online apareció casi por casualidad: un banner en un sitio de noticias, una tarde de domingo insoportablemente vacía. No pensó que fuera un problema. Era solo algo que hacía mientras esperaba que el tiempo pasara.
El duelo no tramitado es uno de los predictores más fuertes de recaída en el Trastorno por Juego. El juego cumplía una función muy concreta para Roberto: lo sacaba de su cabeza. Mientras las fichas giraban, no pensaba en el departamento vacío ni en la silla que nadie ocupaba en la mesa. La literatura clínica describe esto como uso del juego como “regulador emocional”, y es especialmente frecuente en personas que atraviesan pérdidas significativas.
Cuando el juego tapa un duelo
Roberto tardó casi dos años en reconocer que tenía un problema. No era el dinero —tenía una pensión estable y los gastos de juego no lo dejaban en ceros. Era que ya no podía estar sin hacerlo. Un día su hijo llegó de visita y lo encontró jugando en línea a las dos de la tarde. La conversación que siguió fue la más difícil que ambos recuerdan. Fue el comienzo del camino de vuelta.
Una terapia que mira el dolor, no solo la apuesta
El terapeuta que trató a Roberto entendió desde el principio que tratar solo la conducta de juego sin trabajar el duelo era insuficiente. La TCC se focalizó en ambas dimensiones en paralelo: las distorsiones cognitivas del juego y el dolor no procesado de la pérdida. Ajuter —Agrupación de Jugadores en Terapia— le ofreció un espacio de grupo donde encontró a otros hombres de su generación que habían atravesado situaciones similares. Hoy lleva más de dos años sin jugar. “Lo que me sanó no fue dejar de apostar”, dice. “Fue aprender a quedarme con el dolor sin escapar de él.”
Alejandra, 22 años — apuestas deportivas, tarjetas ajenas y terapia familiar
Alejandra tenía 19 años cuando empezó a apostar con el dinero de sus padres. No lo pedía: lo tomaba. Primero cantidades pequeñas que pensaba reponer. Luego montos que ya no podía devolver. Las apuestas deportivas online le resultaban fácilmente accesibles y el umbral de entrada era mínimo. En dieciocho meses, la deuda acumulada con sus padres superaba los $2.500.000 pesos.
El uso de dinero ajeno sin permiso es uno de los criterios del DSM-5 para el diagnóstico del Trastorno por Juego (criterio 9), y aparece con frecuencia en perfiles juveniles donde los límites financieros propios son bajos. La intervención familiar forma parte central del tratamiento cuando el daño ha cruzado el límite interpersonal.
Cuando la deuda es con la familia
El punto de quiebre de Alejandra llegó cuando sus padres revisaron el extracto de la tarjeta y encontraron los cargos. La confrontación fue dolorosa, pero también fue la apertura que permitió buscar ayuda. La terapeuta que los acompañó propuso desde el inicio un modelo de terapia individual para Alejandra combinado con sesiones familiares. No para juzgar ni para castigar, sino para reconstruir la confianza y dotarla a ella de herramientas que le permitieran sostener la abstinencia sin cargar el peso sola.
Barreras prácticas: autobloqueo y autoexclusión
Junto al trabajo terapéutico, Alejandra instaló BetBlocker —una aplicación gratuita de autobloqueo— en todos sus dispositivos. Optó también por la autoexclusión voluntaria en las plataformas donde había jugado. Estas herramientas no reemplazan la terapia: son barreras prácticas que reducen la fricción en los momentos de mayor vulnerabilidad. Hoy lleva dieciocho meses sin apostar. Vive con sus padres y la relación, dice, “es mejor que antes de que empezara todo esto, aunque cueste creerlo”.
Marcos, 45 años — del casino online a la voz pública sobre la enfermedad
Marcos vivía en Temuco y llevaba cuatro años jugando en casinos online cuando decidió pedir ayuda. No tenía una crisis económica que lo obligara: tenía una certeza acumulada de que el juego lo controlaba a él, y no al revés. “Me di cuenta de que cada vez que me sentía mal, lo primero que hacía era abrir la app”, recuerda. “No había otra forma de calmar eso.”
Su tratamiento fue el más completo de los cinco perfiles. TCC con un psicólogo especialista en adicciones conductuales, participación en Ajuter y —algo que merece explicación cuidadosa— farmacoterapia con naltrexona.
Un fármaco que baja las ganas (bajo control médico)
La naltrexona es un antagonista opioide que reduce el craving —la urgencia de jugar— en personas con Trastorno por Juego. Junto con la nalmefena, es la farmacoterapia con mayor respaldo en la evidencia para esta condición; un metaanálisis publicado en 2024 la posiciona como primera opción farmacológica. Su uso en Chile es off-label: ningún fármaco está aprobado específicamente para el Trastorno por Juego. No es una pastilla mágica. Acompaña a la TCC, no la reemplaza. El efecto desaparece si se interrumpe sin supervisión. Marcos la usó durante catorce meses, siempre bajo control de su médico tratante.
Devolver la mano: hablar para que otros pidan ayuda
Hoy Marcos lleva más de tres años sin jugar. Lo que sorprendió a su terapeuta —y a él mismo— fue lo que vino después de la abstinencia sostenida: la necesidad de hablar de ello públicamente. Comenzó compartiendo su historia en el grupo de Ajuter. Luego en un podcast sobre salud mental. Luego en colegios de Temuco, a petición de orientadores que trabajan la prevención con jóvenes. La comunidad no fue solo un recurso de tratamiento: se convirtió en parte de su identidad. “Ayudar a otros a pedir ayuda es lo que me mantiene sobrio”, dice. En la literatura sobre adicciones, eso tiene un nombre: servicio. Y funciona.
Qué tienen en común estas historias de recuperación de ludopatía
Cinco personas distintas, cinco ciudades distintas, cinco rutas distintas. Y sin embargo, cuando se leen sus historias en conjunto, emergen patrones que los terapeutas chilenos reconocen como constantes del Trastorno por Juego.
El punto de quiebre casi nunca llega solo. Juan necesitó un embargo, Roberto que su hijo lo viera, Alejandra que sus padres descubrieran los cargos. El Trastorno por Juego tiene una capacidad extraordinaria para ocultarse, y pedir ayuda suele requerir una crisis concreta que lo precipite.
El tratamiento es largo. La TCC es el tratamiento psicológico de primera línea, pero su efecto no se mide en semanas. La literatura reporta duraciones muy variables —de meses a años— y la necesidad de mantenimiento activo para prevenir recaídas.
La recaída es frecuente, pero no es el final. Ninguno de los cinco llegó a la abstinencia en línea recta. Lo que marca la diferencia es volver a tratamiento en lugar de abandonarlo.
Casi siempre hay algo debajo. Depresión en Roberto y Carla, ansiedad en Juan, soledad pandémica, duelo. Tratar solo la conducta de juego sin abordar la causa subyacente facilita la recaída.
La comunidad decide la abstinencia a largo plazo. Jugadores Anónimos, Ajuter, terapia de grupo, red familiar. La abstinencia sostenida no se sostiene en soledad.
| Persona (edad, ciudad) | Modalidad de juego | Punto de quiebre | Ruta de tratamiento | Tiempo en abstinencia |
|---|---|---|---|---|
| Juan, 34, Santiago | Tragamonedas online | Embargo por deuda | TCC + Jugadores Anónimos | 3+ años |
| Carla, 28, Valparaíso | Apuestas deportivas | Crisis depresiva / deudas | TCC + fluoxetina (comorbilidad) | 18 meses |
| Roberto, 52, Concepción | Casino online | Confrontación familiar | TCC (enfocada en duelo) + Ajuter | 2+ años |
| Alejandra, 22, Santiago | Apuestas deportivas | Descubrimiento deuda familiar | Terapia individual + familiar + autobloqueo | 18 meses |
| Marcos, 45, Temuco | Casino online | Reconocimiento personal | TCC + naltrexona off-label + Ajuter | 3+ años |
Cómo dar el primer paso (tú o un ser querido)
Si las historias anteriores te hicieron reconocer algo —en ti o en alguien cercano— el siguiente paso es concreto.
El primer paso es reconocer las señales. El Trastorno por Juego tiene nueve criterios diagnósticos según el DSM-5; la presencia de cuatro o más en los últimos doce meses orienta hacia el diagnóstico. Solo un profesional puede confirmarlo.
El segundo paso es pedir ayuda. En Chile, los recursos disponibles son:
- Jugadores Anónimos Chile — hermandad de ayuda mutua (modelo 12 pasos), activa desde el 1 de abril de 2016; reuniones presenciales y en línea por Zoom; línea de ayuda +56 9 4407 2802; contacto@jugadoresanonimos.cl
- Ajuter (Agrupación de Jugadores en Terapia) — soporte comunitario en tratamiento
- Corporación de Juego Responsable — recursos de orientación y derivación
- Salud Responde 600 360 7777 — línea estatal de salud mental, disponible las 24 horas
Si estás en una situación de crisis o tienes pensamientos de hacerte daño, llama a Salud Responde 600 360 7777 ahora.
El tercer paso es buscar un psicólogo especializado en adicciones conductuales que pueda ofrecer TCC y evaluar si hay comorbilidades que requieran atención médica.
Preguntas frecuentes
Conclusión
Las historias de recuperación de la ludopatía que presentamos aquí no son excepciones ni casos de manual. Son representaciones de lo que ocurre, en silencio y con esfuerzo, en muchos hogares chilenos. Juan lleva tres años sin abrir una app. Carla terminó su carrera. Roberto aprendió a vivir con el duelo sin escapar de él. Alejandra reconstruyó la confianza con su familia. Marcos habla en colegios para que otros pidan ayuda. El Trastorno por Juego es una enfermedad tratable. La recuperación —aunque larga, aunque con recaídas posibles— es real. El primer paso es pedir ayuda.
Juega solo por diversión. El juego es un medio de entretenimiento, no una fuente de ingresos. Si pierdes más de lo que puedes permitirte, busca ayuda en Ajuter, la Corporación de Juego Responsable o Jugadores Anónimos Chile (+56 9 4407 2802).
